ESPECTÁCULO DE LUZ Y COLOR



El algoritmo de Google Fotos ha descubierto que mi familia y yo tenemos cierta propensión a inmortalizar vidrieras, en especial en iglesias góticas. Así que ocasionalmente nos brinda un collage al que titula “espectáculo de luz y color”. Sin duda es un detalle por parte de los diseñadores de la plataforma, pero que hace que me pregunte: ¿por qué algo que parecía tan espiritual y conmovedor al capturar la imagen, me resulta tan insulso al plasmarse sobre las dos dimensiones de una pantalla o un papel?

No hay motivo para alarmarse. En el fondo, soy consciente de que no guardo esas imágenes con el propósito de admirarlas, sino para rememorar el momento en el que fueron tomadas. Una vidriera no parece haber sido hecha para ser reproducida, sino para sumergirse en su luz. Incluso para sentir el calor de verse envuelto en ella. Los colores y el espectáculo quedan relegados a un segundo plano por las sensaciones evocadas. Unas sensaciones que solo pueden comprender quienes hayan compartido esa experiencia.

Esta reflexión viene a cuento del mundo tan literal en el que vivimos. Un mundo donde la tendencia dominante es interpretar las cosas basándose en su apariencia superficial, despojándolas del contexto que les otorga significado. Una tendencia con consecuencias insidiosas: desde ignorar la ironía evidente en muchas declaraciones públicas, hasta identificar a los personajes con las personas que los interpretan, pasando por obviar las situaciones de legítima desinhibición en las que se entiende el significado de muchas palabras y acciones.

Que la inteligencia artificial de Google vea solo colores y espectáculo donde hay algo más, no deja de ser una simpática limitación de la tecnología. Lo que no es tan simpático es comprobar como la inteligencia humana percibe opiniones e intenciones que considera manifiestas ante situaciones en las que, lo verdaderamente evidente, es que subyacen realidades mucho más complejas.


(Imagen propiedad del autor)

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