EN LA NATURALEZA, EL INDIVIDUO NO IMPORTA



Una de las falacias que me resultan personalmente más molestas es la antropomorfización de los animales. Al menos desde Esopo, sabemos que la representación de fábulas protagonizadas por animales antropomorfizados no son más que el reflejo en el mundo animal de arquetipos humanos. El astuto zorro no es más que un humano disfrazado de zorro para visibilizar su astucia. Y lo mismo sucede con la paciente tortuga o la veloz liebre.

Sin embargo, cada vez más en la sociedad occidental tendemos
a ver a los animales como individuos humanizados, con sentimientos e incluso
pensamiento humanos y, por lo tanto, merecedores de los mismos derechos. Esta
tendencia se ha denominado zooantropomorfismo y se ha relacionado con el aumento
del bienestar material, el individualismo y el alejamiento de la naturaleza.



A pesar de ello, lo cierto es que en el mundo natural, la individualidad no tiene valor. Lo
único importante es la supervivencia de la especie
. Por eso se explica que, en
todos los seres vivos (salvo el humano moderno), la mortandad infantil sea
mucho mayor que la supervivencia, y que la inmensa mayoría de los nacidos no
lleguen a reproducirse. Los individuos que poseen rasgos ventajosos tienen más
probabilidades de sobrevivir y transmitir sus genes a la siguiente generación,
mientras que los que poseen rasgos desventajosos mueren antes de alcanzar la
madurez o, a través de otros mecanismos, no logran transmitir sus genes.



Así que las leyes de la naturaleza no tienen en cuenta el
bienestar o la felicidad de cada individuo
, sino el éxito reproductivo de la
especie. Si en los humanos se ha invertido esta tendencia, se debe a
que, gracias al progreso antropogénico, hemos logrado proteger más eficazmente a nuestra descendencia
de la mayoría de los peligros que la acechan en su inmadurez. Al menos, por el
momento.



Incluso entre los humanos, la protección del ser humano
individual requiere un esfuerzo inmenso por parte de la sociedad
. Esta realiza
este esfuerzo inspirada por ideas morales como las promovidas por el
cristianismo o el humanismo. Unas ideas que reconocen la dignidad individual
incluso de los miembros más humildes de la sociedad, independientemente de su
aportación a la supervivencia de la misma. La dignidad humana se hace basar
en el valor inherente del ser humano por el simple hecho de serlo, en cuanto
ser racional, dotado de libertad y capaz de crear cultura.



Pero la pretensión de extender el constructo de la dignidad
humana a los animales es tanto impráctico como inútil
. El sufrimiento seguirá
existiendo en la naturaleza. La inmensa mayoría de los seres, especialmente los
animales, morirán por causas ajenas al envejecimiento. Y al final, todos
morirán, igual que nosotros. Aunque por lo menos a ellos se les ahorra la
angustia de esa certidumbre que a los humanos nos aflige.



No deja de tener gracia que, en un mundo en el que se tiende a diluir la aportación de las
individualidades a la historia y a la sociedad, queramos extender a los
animales la sacralización del individuo y sus necesidades. En cierta ocasión,
Pío Baroja dijo que no haría feliz al mundo, si para ello tuviera que hacer
llorar a un niño. Sin embargo, casi todos los padres hemos tenido que
hacer llorar a un niño para que pueda llegar a convertirse en un humano feliz. Si
el hombre tiene alguna preocupación por los animales, debería hacer a un lado
sus sentimientos sobre los individuos para centrarse en la supervivencia de las
especies
. Esta es, al fin y al cabo, la forma en la que la naturaleza sigue su
camino.


(Imagen generada por Bing Chat con Dall-E 3)


Comentarios

Entradas populares