Lo importante para usar la inteligencia artificial es el criterio


Tengo costumbre de cronicar las vicisitudes de las sesiones de juego de rol en las que suelo participar los viernes por la tarde. Desde que la inteligencia artificial generativa de lenguaje se hizo disponible al gran público, la he incorporado con entusiasmo a mi flujo de trabajo para producir pasajes más vívidos y novelados que una mera enumeración de acontecimientos. La principal razón no es mi confianza en la excelencia narrativa de esta herramienta, que es francamente baja. Más bien, la falta de tiempo para producir un contenido que, en definitiva, tendrá una audiencia de cuatro o cinco personas. 

Sin embargo, me gustaría reivindicar que la calidad del resultado final y lo que hace que merezca la pena su lectura es exclusivamente mía. Para explicarme, describiré mi sistema de trabajo. 

En primer lugar, están mis anotaciones de la partida. Estas son la fuente original que complementaré, a su debido tiempo, con mis recuerdos de la sesión de juego. Después de corregir dichas anotaciones, las divido en segmentos manejables por la herramienta de IA que vaya a utilizar. 

Este es el momento en el que empleo la inteligencia artificial para crear una "vista ampliada" de mis anotaciones. Previamente he entrenado a la IA para escribir en un estilo semejante al mío, lo cual consigue con un acierto que podríamos considerar irregular, algo que se puede considerar la norma cuando estar herramientas tratan de imitar una forma de escritura. 

Es en este paso de la ampliación donde solía encontrar mi principal obstáculo a la hora de crear narrativas largas. El motivo es que me puedo perder fácilmente en la longitud de las descripciones y la disposición de los diálogos.  

Tras haber dejado estas decisiones en manos de una herramienta que, a su manera, domina la forma de estructurar una narración, ahora sí puedo centrarme en finalizar el texto. Y para ello aporto las que sí creo que son mis fortalezas: el detalle, la perfilación psicológica coherente de los personajes, un estilo más natural y orgánico, y la poesía. 

En este punto, debo aclarar que todos los fragmentos poéticos, mejores o peores, son por completo de mi autoría. No confío en la IA para hacerlos porque ha demostrado una completa ineptitud para transmitir un sentimiento poético. Algo lógico si tenemos en cuenta que la IA no tiene sentimientos, por lo cual es incapaz de valorar si lo que escribe puede llegar a comunicar de manera efectiva las ideas y sensaciones profundas que se decodifican sobre todo a nivel inconsciente. 


A continuación, desarrollo un ejemplo en el que se pueden apreciar las diferentes aportaciones de la IA y de mi persona, para que el lector juzgue el mérito de cada cual. A fin de no ser selectivo, pongo directamente el comienzo de la última sesión de nuestra partida de 'La Leyenda de los Cinco Anillos'. 


Estas eran las notas de la partida: 

Chihiro habla con Takashi Shigeru, el serio primer oficial del Hi-Ryu, para que dejen a Haruki salir de rincón donde lo han confinado. Takashi dice que la capitana está dividida porque ha caído bajo el hechizo de Haruki y por eso decidió atacar el barco de los Taira, aunque ella, que es de familia noble, declaró a su tripulación que lo hacía por cumplir su palabra. Takashi también le dice que él y Matsuda Hidetaka, el robusto contramaestre que había sido el amante de Manami, aconsejan a la capitana herida que pida un rescate por Haruki a su familia. Pero da permiso a Chihiro para hablar con Haruki. 

Haruki confiesa a Chihiro que está desesperado porque todo ha salido mal. Que podían haber llegado a Osaka como prisioneros de Fujiwara Itsuke, lo que no era ninguna garantía. Pero ahora, aunque puedan llegar antes a su destino, sea el que sea, serán proscritos. Y también se siente culpable de que Manami haya perdido un ojo. Cree que su única posibilidad es prometerle el favor de los Taira, sí consiguen salvar a Taira Shigemori, el ministro prudente. Yoshi, el burlón bonzo, bromea medio en serio medio en broma con la posibilidad de que Haruki “use su flauta” para ablandar a Manami, refiriéndose con un zafio doble sentido a la mágica flauta china de Haruki 

Haruki pasa una noche en blanco escribiendo un poema contando todo esto a Manami, aunque reconociendo que no puede entregarle su amor. 


Estas son, en sendas columnas, la versión generada originalmente con ChatGPT y la editada por mí:

TEXTO GENERADO 

La noche había caído sobre el Hi-Ryu con una calma extraña, como si el mar, tras la violencia del combate, se hubiera retirado a contemplar sus propias heridas. Las cubiertas aún olían a hierro y a sal. Algunos hombres trabajaban en silencio, limpiando la sangre de la madera; otros murmuraban en grupos pequeños, lanzando miradas hacia el lugar donde habían encerrado a Haruki. 

Chihiro descendió por la escalerilla hacia la parte baja del barco, donde la luz de las lámparas apenas lograba vencer la penumbra. Allí encontró a Takashi Shigeru, erguido junto a un pilar, con las manos a la espalda y el rostro inmóvil como una máscara de madera pulida. 

—Primer oficial —dijo Chihiro con una leve inclinación—. Necesito hablar con Haruki. 

Takashi lo observó sin moverse. Sus ojos eran oscuros y atentos, como si pesaran cada palabra antes de dejarla pasar. 

—No sois quien para pedir favores en este barco —respondió con voz baja—. Y menos después de lo que ha ocurrido. 

Chihiro sostuvo su mirada. 

—No pido un favor. Pido evitar un error mayor. 

Hubo un silencio breve. A lo lejos, una cuerda tensada crujió con el balanceo del mástil. 

—La capitana está herida —dijo finalmente Takashi—. Y también dividida. —Hizo una pausa—. Ese hombre… —no necesitó nombrarlo— ha ejercido influencia sobre ella. Algunos dirían que la ha hechizado. 

Chihiro entrecerró los ojos. 

—No es un hechizo. 

—No —replicó Takashi con sequedad—. Pero el efecto es el mismo. —Se volvió levemente hacia el mar—. Manami declaró ante la tripulación que atacaba el barco de los Taira por cumplir su palabra. Y muchos la creyeron. Pero yo… —negó con la cabeza—. Yo vi otra cosa. 

Chihiro guardó silencio. 

—Matsuda Hidetaka y yo —continuó Takashi— le hemos aconsejado que pida rescate por él. Su familia pagaría bien. Es la salida más sensata. 

—Y la menos peligrosa para vosotros —dijo Chihiro. 

Takashi no sonrió. 

—La única que no nos llevará a la ruina. 

Durante un instante, ambos permanecieron en silencio, escuchando el rumor constante del agua contra el casco. 

—Aun así —añadió el primer oficial—, podéis hablar con él. No cambiará nada. Pero quizás os calme. 

Chihiro inclinó la cabeza, aceptando. Takashi se apartó apenas lo justo para dejarle paso. 

El rincón donde habían confinado a Haruki era estrecho, delimitado por cuerdas tensas y barriles apilados. No había grilletes, pero tampoco salida. Haruki estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la madera, la cabeza baja y la flauta entre las manos, como si pesara más que una espada. 

Levantó la vista al oír los pasos. 

—Así que sigues vivo —dijo, con una sombra de ironía cansada. 

Chihiro se acercó despacio. 

—Por ahora. 

Haruki dejó escapar una risa breve, sin alegría. 

—Todo ha salido mal. 

No era una queja. Era una constatación. 

Chihiro no respondió. 

—Podríamos haber llegado a Osaka como prisioneros de Fujiwara Itsuke —continuó Haruki, mirando un punto indeterminado—. No era una buena opción… pero al menos era un camino. —Apretó la flauta entre los dedos—. Ahora no somos nada. Ni aliados, ni prisioneros. Proscritos. 

El barco crujió suavemente, como si asentara sus palabras. 

—Y ella… —añadió en voz más baja—. Ha perdido un ojo por mi culpa. 

Chihiro lo observó en silencio. No había reproche en su mirada, pero tampoco consuelo fácil. 

—No fue por tu culpa —dijo al fin. 

Haruki negó despacio. 

—Fui yo quien la llevó hasta ese momento. —Alzó la vista—. Y ahora… ahora solo veo una salida. 

—¿Cuál? 

—Prometerle algo que valga más que cualquier rescate. —Sus ojos brillaron un instante—. El favor de los Taira. Si logramos salvar a Taira Shigemori… —dejó la frase en el aire—. Eso podría devolverle algo de lo que ha perdido. 

Chihiro no respondió de inmediato. 

—Es un hilo muy fino —dijo al cabo. 

—Es el único que tengo. 

En ese momento, una figura apareció en la entrada del espacio. Yoshi, apoyado contra un barril, los miraba con expresión divertida. 

—Vaya, vaya —dijo—. Aquí huele a tragedia y a poesía barata. 

Haruki lo fulminó con la mirada. 

—¿Qué quieres? 

Yoshi alzó las manos con fingida inocencia. 

—Solo pensaba… —hizo una pausa, como si midiera el efecto de sus palabras— que quizá no todo esté perdido. 

—Ilumíname —replicó Haruki con sequedad. 

Yoshi sonrió. 

—Tienes una flauta, ¿no? —Señaló el instrumento—. Y una capitana impresionable. 

Chihiro frunció el ceño, anticipando el tono. 

—Si sabes usarla bien —continuó Yoshi, con media sonrisa—, quizá puedas… ablandar su corazón. 

Haruki entrecerró los ojos. 

—Cuidado, bonzo. 

—¿Qué? —replicó Yoshi—. Hablo de música. —Y añadió, con un brillo burlón—. Aunque cada cual interpreta los instrumentos a su manera. 

Chihiro negó con la cabeza, pero no pudo evitar que una sombra de sonrisa cruzara su rostro. 

Haruki, en cambio, no sonrió. Bajó la mirada hacia la flauta. 

—No es eso —dijo en voz baja—. No puede ser eso. 

Yoshi se encogió de hombros. 

—Entonces escribe. Los samuráis siempre escribís cuando no sabéis qué hacer. 

Se dio la vuelta y se alejó, silbando suavemente. 

El silencio volvió a caer entre los dos hombres. 

Haruki sostuvo la flauta un momento más, como si buscara en ella una respuesta que no llegaba. Luego, con un gesto lento, la dejó a un lado. 

—Tal vez tenga razón —murmuró—. No sobre la flauta… pero sí sobre lo otro. 

Chihiro lo miró. 

—¿Escribir? 

Haruki asintió. 

—Es lo único que puedo ofrecer sin mentir. 

Esa noche no durmió. 

A la luz vacilante de una lámpara, con el mar respirando al otro lado de la madera, escribió. Cada trazo era lento, deliberado, como si al fijar las palabras sobre el papel pudiera ordenar el caos que llevaba dentro. 

Cuando terminó, dejó el pincel a un lado y contempló el poema en silencio. 

No lo leyó en voz alta. No hacía falta. 

Cuando alzó la vista, el alba aún no había llegado. El mar seguía oscuro. 

Y, por primera vez desde la batalla, Haruki no parecía buscar una salida, sino aceptar el camino que tenía delante.

TEXTO EDITADO 

La noche había caído sobre el Hi-Ryu con una calma extraña tras la violencia del combate. Algunos hombres aún trabajaban en silencio, limpiando la sangre de la madera; otros murmuraban en grupos pequeños, lanzando miradas hacia el lugar donde habían encerrado a Haruki. 

Chihiro descendió por la escalerilla hacia la parte baja del barco, donde la luz de las lámparas apenas traspasaba la penumbra. Allí encontró al solemne Takashi Shigeru, erguido junto a un pilar, con las manos a la espalda y el rostro inmóvil. 

—Primer oficial —dijo Chihiro con una brusca inclinación—. Es conveniente que Haruki sea liberado de su prisión. 

Takashi lo observó sin moverse. 

—No sois quien para pedir favores —respondió con voz baja—. Y menos después de lo que ha ocurrido. 

—Entiendo vuestro enfado —dijo Chihiro —. Pero al menos podríais dejarme hablar con él. 

Hubo un silencio breve. A lo lejos, una cuerda crujió con el balanceo del mástil. 

—La capitana está herida —continuó  Takashi—. Y también dividida. —Hizo una pausa—. Ese hombre ha ejercido una gran influencia sobre ella. Algunos dirían que la ha hechizado. 

Chihiro entrecerró los ojos. 

—Vos sabéis que no es un hechizo. 

—No —replicó Takashi con sequedad—. Pero el efecto es el mismo. —Se volvió levemente hacia el mar—. Manami declaró ante la tripulación que atacaba el barco de los Taira por cumplir su palabra y su contrato. Y todos la seguimos. Pero yo… —negó con la cabeza—. Yo vi otras causas. 

Chihiro guardó silencio. 

—El contramaestre Matsuda Hidetaka y yo —continuó Takashi— le hemos aconsejado que pida rescate por él. Su familia pagaría bien. Es la salida más sensata. 

Durante un instante, ambos permanecieron en silencio, escuchando el rumor constante del agua contra el casco. 

—De acuerdo —añadió el primer oficial—, podéis hablar con él. Aunque no creo que cambie nada. 

Chihiro hizo otra rápida inclinación de cabeza. Takashi se apartó apenas lo justo para dejarle paso. 

El rincón donde habían confinado a Haruki era estrecho, delimitado por cuerdas tensas y barriles apilados. Sin grilletes, pero también sin salida. Haruki estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la madera, la cabeza baja y la flauta entre las manos. 

Levantó la vista al oír los pasos. 

—Seguimos vivos —dijo, con una sombra de ironía cansada. 

Chihiro se acercó despacio. 

—Por ahora. 

Haruki dejó escapar una risa breve, sin alegría. 

—Todo ha salido mal. 

Chihiro no respondió. 

—Podríamos haber llegado a Osaka como prisioneros de Fujiwara Itsuke —continuó Haruki, mirando al suelo—. No era una buena opción… pero al menos era un camino. —Apretó la flauta entre los dedos—. Ahora podemos ir más rápido. Pero seremos proscritos.. 

El barco crujió suavemente, como esperando sus palabras. 

—Y ella… —añadió en voz más baja—. Ha perdido un ojo por mi culpa. 

Chihiro lo observó en silencio. No resultaba fácil consolar al abatido cortesano. 

—No fue por tu culpa —dijo al fin. 

Haruki negó despacio. 

—Fui yo quien la llevó a tomar la decisión de atacar el barco de los Taira. Si tan solo hubiésemos confiado en su palabra de que volvería a buscarnos. —Súbitamente alzó la vista—. Ahora… solo veo una salida. 

—¿Cuál? 

—Ofrecerle algo que valga más que un rescate. —Sus ojos brillaron un instante—. El favor de los Taira. Si logramos salvar a Taira Shigemori… —dejó la frase en el aire—. Con su amistad, podría recuperar algo de lo que ha perdido, y que todavía añora. ¿Sabías que Manami es de familia noble, verdad? 

Chihiro no respondió de inmediato. 

—Merece la pena intentarlo —dijo al cabo. 

—Además, es lo único que puedo hacer por ella. 

En ese momento, una figura apareció junto a la prisión de Haruki. Yoshi los miraba con expresión entre preocupada y divertida. 

Haruki lo miró. 

—¿Tú qué tienes que decir, bonzo? 

—Solo pensaba… —hizo una pausa, como si midiera el efecto de sus palabras— que quizás haya otra forma de ablandar a Manami. 

—Ilumíname —replicó Haruki con hastío. 

Yoshi sonrió. 

—A mí me parece que a la capitana le gusta vuestraflauta. 

Haruki frunció el ceño. 

—Si sabéis usarla con maestría—continuó Yoshi, con media sonrisa—, quizá podáis… ablandar su corazón. 

—Cuidado, bonzo —respondió Haruki, fulminándolo con la mirada. 

—¿Qué? —replicó Yoshi—. Solo hablo de vuestra flauta mágica, noble señor 

Chihiro meneó la cabeza, pero no pudo evitar una sombra de sonrisa. 

Haruki, en cambio, no sonrió. Bajó la mirada hacia la flauta. 

—No puede ser eso —dijo en voz baja—. No puedo añadir más injusticia a su desgracia. 

Yoshi se encogió de hombros. 

—Entonces escribid. Los cortesanos siempre escribís cuando no sabéis qué hacer. 

Se dio la vuelta y se alejó, silbando suavemente. 

El silencio volvió a caer entre los Chihiro y Haruki. 

El cortesano miró la flauta un momento, como si buscara en ella una respuesta. Luego, con un gesto lento, la dejó a un lado. 

—Tal vez tenga razón —murmuró—. No sobre la flauta… pero sí sobre lo otro. 

Chihiro lo miró. 

—¿Escribir? 

Haruki asintió. 

—Es lo único que puedo ofrecer sin mentir. 

Esa noche no durmió. 

 

A la luz vacilante de una lámpara escribió con trazos lentos y deliberados, como si al fijar las palabras sobre el papel pudiera ordenar el desorden de sus pensamientos. 

Cuando terminó, dejó el pincel a un lado y contempló el poema en silencio. 

 

El cuenco de oro 
no pierde su brillo 
aunque esté en el mar 

Lo que es de metal noble 
será siempre noble, 
por eso cumple su palabra. 

Yo estuve ciego 
por eso no vi la nobleza 
y desfallecí. 

Y ahora el dorado cuenco 
está astillado 
pero conserva su nobleza 

¿Qué puedo hacer 
para enmendar el mal 
que hice al bien más preciado? 

No puedo prometer amor 
puesto que mi duda 
me ha hecho indigno. 

Pero puedo intentar 
que el tesoro brille de nuevo 
en su hogar familiar. 

Y la nobleza que el metal 
nunca ha perdido 
se reconozca en la corte
 
 
 

Cuando alzó la vista, el alba había llegado. Haruki entregó el poema a Chihiro sin añadir explicación alguna. El samurái lo sostuvo un instante entre los dedos y asintió antes de retirarse. 

Para ver más crónicas de partidas de rol desarrolladas mediante esta técnica, podéis consultar los siguientes enlaces: 

https://sites.google.com/view/lapartidadelverano2024/inicio 

https://eldespertardelasombra.blogspot.com/

Comentarios

Entradas populares